lunes, 21 de septiembre de 2020

Dejar una huella en el río

"Estamos a tiempo de comprender lo que significa cuidar nuestros ríos y comenzar a realizar acciones concretas para protegerlos exigiendo políticas acordes al cuidado del ambiente, pero también a través de nuestras acciones individuales en el día a día".

Los primeros días del mes de abril, un grupo de kayakistas de nuestra ciudad remontaron aguas rumbo a Goya, Corrientes, para recibir la posta de Remada por los Ríos.

Se trata de una travesía autogestiva y autoconvocada que comenzó simultáneamente en Puerto Iguazú (Misiones) y Concordia (Entre Ríos), bajando por los ríos Paraná y Uruguay para finalizar en Tigre, provincia de Buenos Aires.

Como la propuesta era hacerlo por medio de postas, los palistas que remaron a la vecina ciudad correntina, trajeron el emblema a la costa santafesina para, quince días después, llevarla hasta la ciudad de Romang y que continuase su trayecto hacia el sur.

La Remada por los Ríos 2019 busca “denunciar la grave contaminación de nuestros ríos, exigir la prohibición absoluta de construcción de represas, pedir por la inmediata aprobación de la ley nacional de protección de los humedales (que perdió estado parlamentario hace dos años) y salvaguardar y restaurar el carácter especial de los ríos y humedales, su valor social, cultural, ecológico, salvaje, escénico y turístico”.

Y es que, lo que muchos toman como una exageración, se plantea hoy en día como un problema serio: nuestros ríos y todo lo que ellos significan, están en riesgo. Una alarma comenzó a sonar estos últimos años y resulta estrictamente necesario que no hagamos oídos sordos a la advertencia.

Con el crecimiento demográfico de nuestras ciudades y la falta de políticas eficientes respecto al tratamiento y control de los residuos urbanos, cloacales e industriales, el agua que consumimos, sobre la cual navegamos y la que cumple un rol fundamental en la subsistencia de la biodiversidad en todo su espectro, encendió el alerta roja.

Martín Blettler, investigador adjunto del Conicet en el Instituto Nacional de Limnología (INALI, CONICET–Universidad Nacional del Litoral) explicó a Infobae que “en comparación con otros estudios internacionales, estamos superando todos los límites”, refiriéndose a la presencia de plástico como uno de los principales agentes de contaminación. El micro-plástico, proveniente principalmente de cosméticos, desechos plásticos de uso cotidianos y desechos industriales, aparece como uno de los principales inconvenientes dado que "en la actualidad, lamentablemente no existe una tecnología que permita quitar esos microplásticos del ambiente. Con los residuos más grandes, podemos organizar campañas de limpieza o podemos evitar que ingresen nuevos residuos al río haciendo mejores tratamientos de los residuos sólidos. Pero el microplástico que está hoy no lo podemos sacar y vamos a tener que convivir él en los próximos años".

Lamentablemente, hay escenas que se nos han vuelto cotidianas a los amantes del río: Parar en una costa a disfrutar de nuestro litoral y encontrarnos con grandes cantidades de residuos plásticos, metálicos y de vidrio dejados ahí por otras personas o arrastrados las aguas y depositados entre los pastizales y los árboles. Muchos adquirimos, hace tiempo, la costumbre de llevar bolsas para juntar estos residuos y depositarlos donde corresponde. Y no es nada extraordinario, en realidad se trata simplemente de mantener limpio el lugar y acostumbrarnos a llevar de vuelta lo que vino con nosotros; de comprender que disfrutar de nuestra costa implica mantenerla limpia; que así como a todos nos gusta un espacio verde limpio, tenemos que tomar cartas en el asunto y juntar los residuos que generamos, por nuestro bien y por el de nuestros ríos.

Es verdad que los grandes problemas ambientales con los que nos enfrentamos hoy en día no dependen exclusivamente de si dejamos o no una lata, una botella o lo que fuere tirada en la isla, pero contribuye, sobre todo cuando todos lo hacemos, y no solo eso: habla también de lo poco que significa para nosotros nuestro entorno natural, del cual sin embargo dependemos.

Así como en notas de opiniones resaltamos que el grado de civilización de una sociedad se podía medir en cómo esa sociedad cuida su patrimonio cultural, del mismo modo se aplica este concepto a cómo resguarda el ambiente.

Debemos comenzar a concientizarnos que los humedales y los ríos son fuente y generadores de vida, que nuestra salud, nuestra economía y la de las poblaciones costeras, depende de ellos y también nuestra cultura, ligada desde los primeros pobladores de nuestra región a la actualidad a los cauces de agua dulce que caracterizan nuestro territorio.

La Remada por los Ríos debería hacer eco en nuestra forma de ver y aprovechar nuestros recursos, que son de todos, junto con toda la diversidad biológica que abarcan. Estamos a tiempo de comprender lo que significa cuidar nuestros ríos y comenzar a realizar acciones concretas para protegerlos exigiendo políticas acordes al cuidado del ambiente, pero también a través de nuestras acciones individuales en el día a día.

No nos olvidemos que nuestros hábitos pueden dejar una huella en el río, porque, después de todo, todos #SomosRío.

 

PABLO PEREYRA

ESCRITOR - MUSEÓLOGO

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