miércoles, 23 de septiembre de 2020

La importancia de la ejemplaridad de los actos

"Me referiré a los actos de gobierno, y de los funcionarios, los cuales lógicamente deben ser ejemplares a los fines de mantener una autoridad moral como representantes del pueblo"

Desde que somos niños y a medida que vamos desarrollando nuestras habilidades atravesamos varios procesos de aprendizaje. Sin ser experto en el tema, pero a través de un análisis lógico, propio de abogado, invito a pensar lo siguiente. Luego de haber nacido, de pasar los primeros días fuera del vientre materno, teniendo experiencias nuevas, los primeros conocimientos pasan por el tacto, y sobre todo, desde la boca. Ya sería muy atrevido de mi parte asignar una duración a esta etapa de adquisición de conocimiento, por lo que sólo me limitare a decir que es relativamente corta y que existen otras formas que se extienden a lo largo de toda nuestra vida. 

A medida que pasa el tiempo empezamos a imitar actos o expresiones sin entender el porqué de ellos, sin comprender si son actos buenos o malos. Aunque más adelante, a través de los gestos comenzamos a notar que algunos actos llevan a una sonrisa, y otros nos traen un gesto duro de regreso. Quizás sea éste, el momento exacto donde notamos que nuestros actos pueden agradar o enfadar a los demás, sin entender que implica agradar o enfadar, porque aún no hemos agregado contenido a ese significado.  

El contenido es una carga de información constante en la persona, que lo proporciona la familia, el entorno social y la escuela. Y esa información se "carga" o se introduce en cada individuo a través de experiencias propias y de la observación de actos. Aquellos actos que vemos o escuchamos a diario se convierten en actos que terminamos entendiendo como naturales o normales en el curso de la vida, y, por ende, en conductas absolutamente repetibles. Lo que pretendo lograr con este análisis deductivo es que se tome dimensión de la importancia de la ejecución de actos "ejemplares" como regla general de vida ya que al ejecutarlos estamos educando.

Hecha esta introducción, me referiré a los actos de gobierno, y de los funcionarios, los cuales lógicamente deben ser ejemplares a los fines de mantener una autoridad moral como representantes del pueblo. Entonces, así como la situación de crisis sanitaria y económica que está viviendo la ciudad, y el país, exige que cada ciudadano piense y luego ejecute sus actos en pos de una determinada situación, léase evitar la propagación del virus; los funcionarios deben pensar, diseñar y ejecutar sus planes de la misma manera. 

Corresponde ser honestos y manifestar adhesión a las medidas preventivas tomadas por los ejecutivos tanto a nivel local como provincial y nacional, las cuales denotan el seguimiento de un plan que se está ejecutando. Un plan de gobierno se constituye como un requisito ineludible en un gobierno ordenado, y este orden viene dado por las leyes, u ordenanzas en la órbita municipal. 

Funcionarios de Reconquista y de la provincia

Pero un gobierno ordenado no acaba en la regulación de buenas leyes, sino que debe tener ejemplaridad en sus actos. A modo aclaratorio: no hablamos de acto formal sino de acto como conducta de sus funcionarios. La ejemplaridad tiene neta base social, es la puesta en práctica de las ideas de los funcionarios, son sus actos en el sentido más puro y humano de la palabra.

En la vereda de enfrente, del otro lado de lo que queremos quienes abogamos por un sistema democrático, republicano y federal, hay un gobierno desordenado. El desorden se da cuando orden y ejemplaridad no son congruentes entre sí, y ceden el mando a la arbitrariedad. 

En estas últimas horas, se filtraron fotos que tienen que ver con el lecho de muerte de un ex funcionario público de vasto reconocimiento popular y social. Su buen nombre será recordado por siempre. Aprovecho la oportunidad para enviarle mi más sentido pésame a cada familiar y ser que siente, y va a sentir, su ausencia física. A la hora de su entierro en el Cementerio Municipal, y en virtud de lo que se puede ver en las fotografías, más de 15 personas fueron a dar su último adiós. Se las ve todas juntas sin respetar distancias ni espacios. Semanas atrás, una habitante de la ciudad sólo pudo ingresar junto a su madre a despedir a su abuela. Muchos no pudieron darle su último saludo.

Lamentablemente, aún en la sociedad de hoy no tenemos acceso sencillo y directo (on line) a información oficial que nos diga la cantidad de personas que pueden asistir a una sepultura (a la inversa de otras actividades que están muy bien detalladas). No obstante, esta ausencia, lo reprochable fue la forma de irrespeto a normas sanitarias públicas a las que ha adherido el ejecutivo local y a las que ha incorporado detalles para hacerlas aplicables a nuestra región.

Celebro con creces que Reconquista y la región no tengan casos de Covid-19. Esto se debe a las rápidas políticas adoptadas por los funcionarios y al alto nivel de acatamiento irrestricto de los ciudadanos. Hace varios días ya, los ciudadanos están pidiendo reapertura de las actividades las cuales lógicamente se hacen esperar por motivos de salud pública totalmente fundados.

Esta incongruencia entre orden (leyes) y ejemplaridad (conductas) se denomina arbitrariedad, y genera el caldo de cultivo de la anarquía, sobre todo, en este tiempo de crisis donde la gente tiene mayor susceptibilidad por la situación de vulnerabilidad a la que está expuesta, y, en consecuencia, sufre mucho más cada inequidad. 

Es necesario eliminar esa arbitrariedad, ese “hago lo que quiero”, ese sentimiento de inmunidad para definitivamente crecer como sociedad civilizada.



 

Alberto N. Núñez

Abogado 

Lic. En Periodismo y Comunicación

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