miércoles, 15 de julio de 2020

Los museos, esos lugares que están ahí

La importancia de los museos como espacios para la construcción y reconstrucción de significados, la crítica y el encuentro con el otro.

“Los museos parecieran ser esos lugares que están ahí y los conservamos porque los heredamos”, recuerdo haber escuchado en una charla de amigos. Recuerdo haber pensado también “pero qué bueno que estén”.

En Reconquista contamos con tres museos, un archivo histórico y una biblioteca; todos, públicos y de acceso libre y gratuito. Estas instituciones que pasan muchas veces inadvertidas son de una importancia crucial en materia del rescate cultural y el resguardo de nuestra memoria, nuestros orígenes, nuestra evolución como sociedad y las creaciones artísticas y técnicas que tuvieron y tienen lugar en este suelo.

Hay una realidad y es que, por un motivo u otro, gran parte de la población desconoce la existencia de los museos en su comunidad o lo conoce, pero está ajeno a su actividad o finalidad. No es algo que afecte a Reconquista en particular, sino que es una realidad común en gran parte del interior del país. Sea un problema de comunicación entre la institución y su entorno, responda este desconocimiento a las formas tradicionales del museo para relacionarse con su público o el concepto preestablecido de las personas acerca de este tipo de instituciones, es de suma importancia comenzar a valorar la presencia de los museos en nuestra sociedad para potenciar su función dentro de ella.

Partamos de qué es un museo. El Consejo Internacional de Museos (ICOM) en sus Estatutos aprobados por la 22° Asamblea General en Viena (Austria), el 24 de agosto del 2007, define al museo como: “Una institución sin fines lucrativos, permanente, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y su medio ambiente con fines de educación, estudio y recreo”.

En las últimas décadas los museos, además de conservar y exponer las piezas que se encuentran bajo su custodia, vieron la necesidad de un mayor acercamiento al público y propusieron sus salas como un espacio de estudio, educación y deleite. Hoy en día, cuestiones emergentes relacionadas a la sensibilización y abordaje de problemáticas sociales actuales van abriéndose paso entre las salas. El racismo, la pobreza, la desocupación, las drogas, la planificación urbana, la vivienda, la educación, la infraestructura de la ciudad, la discriminación, las cuestiones de género, etc. pasan a verse como asuntos necesarios de abordaje por parte de estas instituciones. Las charlas dictadas por el profesor Echegoy en el museo de Arqueología y Paleontología “Prof. Dante Ruggeroni”, la gran dinámica en las muestras temporarias del Museo de Arte “Julio Pagano” y las recientes actividades en el Museo Histórico de Reconquista son una muestra de esa búsqueda, de ese acercamiento por parte de nuestros museos.

En gran medida, son temáticas que no responden a la concepción tradicional del museo pero que sí comienzan a surgir de la interacción entre museo y sociedad y de las reflexiones de la museología sobre su campo de estudio. Un ejemplo que se me ocurre, por lo reciente, es la charla “Jinetes en la tormenta” (el primer genocidio en la Argentina: la desaparición étnica de los Abipones) y la apertura de la muestra “Arte y Derechos Humanos” que se encuentra vigente en el museo. Ésta charla estableció una relación entre hechos relativamente recientes de nuestra historia nacional con sucesos que tuvieron lugar en la conformación de nuestro territorio nacional en el siglo XIX.

Entonces, los museos parecieran ser esos lugares que están ahí y los conservamos porque los heredamos, pero también, los museos son el hogar de la memoria y, como tal, lugares de construcción y reconstrucción de significados. “Ir al museo implica crear significados y formar puntos de vista que comienzan con la propia experiencia” (Hein, 1998). Esos lugares que “están ahí” son lugares con los cuales tenemos que comenzar a relacionarnos y a los cuales tenemos que adquirir el hábito de visitar, disfrutar, ver qué tienen para ofrecernos, desde qué perspectiva lo hacen, para luego plantearnos preguntas e interrogarlos o profundizar en lo que la experiencia nos haya marcado. A su vez, la institución debe comenzar por escuchar las necesidades de los tiempos que corren y fomentar la participación activa y el debate social, contribuyendo al proceso educativo, ofreciendo un espacio de reflexión y búsqueda y contribuir a la creación de un juicio crítico sobre cuestiones socialmente trascendentales sin perder de vista la misión y los objetivos que justifican su existencia.

Por eso, es bueno que estén, porque solamente se puede corregir sobre lo escrito y es nuestra participación en esas instituciones lo que las hace crecer, replantearse y buscar nuevos horizontes y las que nos ayudan, a su vez, a comprendernos un poco más como sociedad.

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