miércoles, 15 de julio de 2020

Los museos, instituciones a merced de las circunstancias

(...) Imaginemos que estas piezas queden a merced de las circunstancias y, por problemas de mantenimiento de un edificio, se arruinen o se pierdan parcial o totalmente. ¿No merecen, como mínimo, que esa primera esfera de protección que son los edificios, tengan un mantenimiento regular?

Ya son varias las veces que mencionamos que los museos son, en esencia, las instituciones por excelencia para proteger, estudiar y exhibir nuestro patrimonio. Todos sabemos de la importancia de su existencia y su rol crucial dentro de nuestra sociedad.

Sin embargo, la realidad de nuestros museos nos habla, nos interpela, - y con la voz cada vez más alta - sobre su situación y sus necesidades (algunas de carácter urgente).  

Hay factores que tienen que ver con cuestiones técnicas, como la conservación, la museografía, la iluminación, la señalética; otras con la salud del edificio, la salud de los materiales que alberga y la salud del personal que trabaja dentro de él, a diario. Pero, también, hay una cuestión relacionada con la imagen, dentro de la cual subyacen no sólo factores estéticos, sino también psicológicos que nos invitan a interactuar con la institución o no. 

Michael Belcher, en su libro Organización y diseños  de exposiciones, expresa claramente que “…el impacto visual del museo sobre la ciudad o el barrio debería ser importante. Un museo dinámico, atractivo, volcado al exterior hará sentir su presencia más allá de sus cuatro paredes.”  

Ahora, un museo cuya presencia se desconoce por falta de señalética o una inadecuada señalización, de por sí pasa inadvertido. Si a esto le sumamos un aspecto deteriorado, difícilmente llame la atención de sus potenciales visitantes.

Auroral León, en El museo. Teoría, praxis y utopía, nos dice que “el carácter externo del edificio dice mucho a favor o en contra de las actividades que se desarrollan en el interior”. Si hablamos de una institución que se dedica al cuidado, estudio y exposición de nuestro patrimonio, mayor fuerza cobra la imagen que ésta debe ofrecer al público.   

Entonces, dado que los alrededores inmediatos del museo son su entorno externo y es de vital importancia para que el público se encuentre con la institución, cabe preguntarnos: ¿son visibles nuestros museos? En el caso de serlos ¿qué imagen ofrecen? 

Tampoco debemos olvidar que el edificio es la primera defensa entre el exterior y los objetos que tiene bajo su tutela. Un museo con espacios libres de humedad, donde la temperatura sea estable y que la contaminación exterior no afecte al interior son algunos de los requisitos mínimos de conservación que puede exigírsele a una institución que tiene entre una de sus funciones la de conservar. 

 

Museo de Arqueología y Paleontología Reconquista Remodelado
Museo de Arqueología y Paleontología Reconquista en la actualidad

Trasladémonos a nuestros museos locales. Una obra de arte, única e irrepetible, una pieza arqueológica de más de mil años de antigüedad, fósiles de animales que habitaron nuestro territorio entre seis mil y diez mil años atrás, objetos históricos únicos que sirven de soporte material al patrimonio intangible que representan: Todas piezas, cuya importancia histórica, artística o técnica, conlleva a que socialmente se las proteja en una institución pública como son nuestros museos. 

Imaginemos que estas piezas queden a merced de las circunstancias y, por problemas de mantenimiento de un edificio, se arruinen o se pierdan parcial o totalmente. ¿No merecen, como mínimo, que esa primera esfera de protección que son los edificios, tengan un mantenimiento regular? 

Y esta pregunta debe hacer eco porque cuando hablamos de patrimonio, lo que se pierde, se pierde para siempre y con él todo un legado intangible que hace a nuestra historia y nuestra identidad. 

Es nuestro presente, es nuestra responsabilidad histórica el cuidarlos y perpetuarlo para la posteridad. Sin embargo, el presente de nuestros museos nos habla, nos interpela, nos refleja. 

Dos imágenes se me vienen inmediatamente a la mente, distan entre una y otra seis años como mucho. La primera la tomé para realizar una ficha de lectura de la circunstancia del continente, para la cátedra de Museografía I. La otra, años después realizando un relevamiento fotográfico para dar referencias a un plano de planta, en un trabajo para Museografía III. El contraste entre una y otra no sólo es alarmante, sino abrumador.

Una cita de Selznick toma más fuerza que nunca:

 “A los museos se los percibe como custodios de un patrimonio que se debe preservar para las generaciones futuras y que no pueden quedar a merced de las circunstancias del momento.” 

¿Se encuentran nuestros museos a merced de la circunstancias del momento?

 

Por: Pablo Pereyra

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